El lugar de alegría invencible
Se abre paso, corre entre grietas estrechas como un racimo y brota en regueros sanguíneos como dedos. Son hilos finísimos húmedos una raíz celular que conquista los resquicios y riega todo y todo lo empapa y lo tiñe y lo alimenta. Su fragilidad de encaje es una hazaña que cometo cada día como un pecado. Largamente invocado aquí adentro lo reconozco en los ojos de las otras lo reconozco en un temblor de belleza incontenible lo reconozco en un estremecimiento de gozo y poesía. Se realiza, se consuma, se inventa, se nombra, se escribe, se sueña entre el anhelo y el pánico. Y cuando tiene lugar sacude el cuerpo y sacude el mundo con su latido tan fuerte que retumba como un tambor y reverbera en todo lo visible y en lo invisible. El lugar de alegría invencible es el lugar de un deseo inaudito, recóndito, de entrega y cuidado impensables, que se encarna y se hace caricia se hace sollozo, estertor, ronroneo, ...

