El lugar de alegría invencible

 

Se abre paso,

corre entre grietas estrechas

como un racimo

y brota en regueros sanguíneos

como dedos.

Son hilos finísimos húmedos

una raíz celular que conquista los resquicios

y riega todo y todo lo empapa

y lo tiñe y lo alimenta.


Su fragilidad de encaje es una hazaña

que cometo cada día

como un pecado.


Largamente invocado aquí adentro

lo reconozco en los ojos de las otras

lo reconozco en un temblor de belleza incontenible

lo reconozco en un estremecimiento de gozo y poesía.


Se realiza, se consuma, se inventa,

se nombra, se escribe, se sueña

entre el anhelo y el pánico.

Y cuando tiene lugar

sacude el cuerpo

y sacude el mundo

con su latido tan fuerte

que retumba como un tambor

y reverbera en todo lo visible

y en lo invisible.


El lugar de alegría invencible

es el lugar de un deseo inaudito, recóndito,

de entrega y cuidado impensables,

que se encarna y se hace caricia

se hace sollozo, estertor,

ronroneo, estallido,

se hace intimidad y se hace descanso.

La transustanciación ocurre

y puedo llorar tus lágrimas con mis ojos

y lamer tus heridas en mi cuerpo

y titilar de tu alegría loca en mi pecho

y dormitar con la materia de tus sueños

y a la inversa.


Nos dijeron que no existe.

Nos lo arrebataron de las manos

sin haber aún nacido

creyendo que no lo hallaríamos

por nosotras mismas

y que habían conseguido asesinarlo.

Lo intentaron con la ley de los castigos ejemplares

y lo intentaron con el escarnio,

pero victoriosas nos alzamos

con las bocas siempre abiertas

como peces hermosos.

Celebrándonos cada vez con más fuerza. 

 

                                    Lou S.  

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