Portadora

 

La interna excitación de entusiasmo que me produce hacer un regalo.

Caminar por la calle con este ramo en las manos, tiene algo de rito; soy portadora de un manojo de delicadeza, de un cúmulo de levedad, de una brazada de hermosura efímera. Que ocupa un volumen y un lugar físico, con su solidez como de alambres, con la suave armonía de sus tonos.

Un frágil y hondo acontecimiento tiene lugar en el porte y entrega del liviano regalo de una flor a mi amiga.

La escalera mecánica del metro desprende una música metálica, pesada y rítmica como un corazón.

Ya no estoy fuera del mundo. El mundo me pertenece y soy del mundo. Un cartel de mujer que se ofrece para limpiar casas o cuidar. Los riders como una bandada de aves verdes y amarillas, esperando, en la calle, ahora en el mimo de la primavera, que fue el castigo del invierno y que pronto será el azote de la canícula.

Paso de nuevo por rincones que hemos compartido tú y yo de una forma u otra. La misma boca de metro, el mismo empedrado.

El abrazo que fue aquí. El paseo recreado en la conversación. La despedida allí.

Y me sonrío en la multitud de afectos que me entrecruzan ahora.

Y así debe ser. Y así en la aceptación de lo que es.

Y atesorando cada sueño que he osado convertir en carne y en realidad que muta.

Guardo lo mío con afán y cuidado infinito y veneración intrépida. 

 

                                                            Lou S.  

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