la versión oficial


La versión oficial es eso que desmiento cada día, como mínimo, una vez. La versión oficial
me quiere mansa, me quiere contenida, silenciosa, estática: una línea recta
que se pueda enderezar al mínimo gesto de torsión.

Desmiento cada día la versión oficial, a cada momento;
con cada respiración la desmantelo,
le dejo el culo al aire con cada palabra.
Con mi cuerpo la desnudo.
Con mi historia la delato y con mi piel 
la mato.
Con mi pensamiento la convierto 
en flotantes motitas de polvo.

Y cada día el choque 
a cada momento el choque 
con el cuerpo elegido: emisario, comisario,
guardián de la versión oficial.

Y a cada momento el choque 
me arranca un trocito de piel 
o un gran pedazo, un jirón 
que duelen 
como duele la carne viva 
hasta que se seca y cae su costra.

Solo que soy costra. Mi cuerpo es costra. 
Mi corazón está hecho costra 
y con afán titánico
le abro las grietas que sangran 
(como las grietas del pezón para que salga la leche), 
que alimenten mi cuerpo 
y alimenten mis versiones -solo mías- 
y alimenten con fuerza a las otras.

Y mano yo a borbotones 
con las versiones de ellas
y las suyas con las mías 
son ecos cuyos límites se confunden ¡felizmente, oh! 
Y mano yo a borbotones 
henchida 
saciándome 
me derramo a base de serme 
me regocijo 
me revuelco en nosotras:
no hace falta alzar la voz. 
Ninguna explicación.
Porque nosotras lo sabemos 
lo temblamos
lo exudamos 
nos libamos
nos bailamos 
nos aleteamos entre nosotras 
locas de gozo.

En la ráfaga eléctrica que nos parte en dos 
nos habitamos sin esfuerzo, 
oh aquí sí,
sin ese esfuerzo agotador de las mañanas, 
de los días, de los siempres.

Y yo, adormecida, meciéndome, 
me paro y me paro y me vuelvo a parir una vez y otra 
con este mi propio coño 
con estas mis glándulas.

Sin miedo ya 
de hablar este 
el idioma de mi carne rota.

                     
                                       Lou Sacramento


 


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